Has decidido cambiar el nombre de una página de tu web. Antes se llamaba tuweb.es/servicios-2019 y ahora quieres que sea tuweb.es/servicios. Lo cambias, publicas y todo parece en orden. Semanas después notas que esa página ya no te trae visitas y que alguien te avisa de que, al entrar desde Google, aparece un mensaje de «página no encontrada».
Ha pasado algo muy común: cambiaste la dirección y nadie avisó a Google ni a los visitantes de dónde estaba ahora. La herramienta que lo evita se llama redirección 301 y es más sencilla de lo que suena.
Qué es una redirección 301
Una redirección es una instrucción que le dice al navegador (y a Google): «Lo que buscabas en esta dirección ya no está aquí; ahora está en esta otra». El visitante llega sin darse cuenta de nada, porque la web lo lleva a la dirección nueva en un instante.
El número 301 es el código que indica que el cambio es permanente. Existe otro, el 302, que indica que el cambio es temporal. La diferencia importa: con un 301 le dices a Google «quédate con la dirección nueva y olvida la vieja»; con un 302, «esto es provisional, no cambies nada». Si tu cambio es definitivo, lo correcto es el 301.
Una dirección, en este contexto, es lo que se escribe en la barra del navegador. Técnicamente se llama URL, y es el nombre con el que Google reconoce cada página.
Por qué cambiar una dirección sin avisar sale caro
Google tiene guardadas las direcciones de tu web y sabe qué página responde a qué búsqueda. Cuando cambias una dirección sin redirección, pasan varias cosas:
- La dirección vieja sigue apareciendo en Google durante un tiempo, pero al pulsarla el visitante ve un error. Se va y probablemente no vuelve.
- Google no sabe que la página nueva es la continuación de la vieja, así que la trata como una página desconocida y tiene que volver a valorarla desde cero.
- Los enlaces que otras webs, directorios o tus propias redes apuntaban a la dirección vieja quedan rotos.
- Los clientes que tenían guardada tu página en favoritos, o la recibieron por correo o WhatsApp, se encuentran un error.
No significa que desaparezcas de Google de un día para otro, pero es un riesgo evitable. Y conviene ser claros en algo: ni con la mejor redirección hay garantía de mantener exactamente las mismas posiciones. Puede haber movimientos pequeños mientras Google lo asimila. Lo que sí hace la redirección es reducir el daño al mínimo.
Cuándo hace falta una redirección
No solo cuando cambias un nombre. Piensa en una redirección en cualquiera de estas situaciones:
- Cambias el nombre (la dirección) de una página para hacerla más clara o más corta.
- Eliminas una página que tenía visitas o enlaces, y existe otra equivalente a la que enviar a la gente.
- Unes dos páginas que hablaban de lo mismo en una sola.
- Rediseñas o migras tu web a otra plataforma y las direcciones cambian de forma.
- Cambias de dominio (por ejemplo, de tunegocio.com a tunegocio.es).
- Pasas de http a https, o eliges usar o no usar www.
En un rediseño, este es uno de los pasos que más se olvidan. Nos extendemos en ello en un rediseño bonito no mejora el SEO de forma automática.
Cómo hacerlo bien, paso a paso
Paso 1. Haz una lista de las direcciones antiguas. Antes de cambiar nada, anota todas las páginas de tu web y cuáles reciben visitas. Si no tienes forma de saberlo, al menos apunta las más importantes: inicio, servicios, productos principales, contacto.
Paso 2. Decide a qué página nueva va cada una. La regla de oro es que la página de destino debe ser lo más parecida posible a la de origen. Si eliminas un producto, redirige a la categoría o a un producto equivalente. Evita mandarlo todo a la página de inicio: confunde al visitante y Google lo interpreta como un error leve.
Paso 3. Crea las redirecciones. Según cómo esté hecha tu web, se hace de formas distintas: muchas plataformas y complementos tienen una sección «redirecciones» donde escribes la dirección vieja y la nueva. Si no sabes dónde está, pregunta a quien mantiene tu web. Es un encargo corto.
Paso 4. Actualiza los enlaces propios. Tus menús, tus botones y tus textos deben apuntar ya a la dirección nueva, sin pasar por la redirección. La redirección es una red de seguridad, no el camino habitual.
Paso 5. Evita las cadenas. Si la página A redirige a la B, y luego B se redirige a la C, el visitante da vueltas. Redirige A directamente a C.
Paso 6. Avisa a Google. Actualiza el mapa del sitio (sitemap) con las direcciones nuevas y, si usas Search Console, revisa que las páginas se van reconociendo. Si cambias de dominio completo, esa herramienta tiene una función específica para avisar del cambio de dirección. Si tu web es nueva o acabas de mover contenidos, recuerda que Google no siempre indexa una web nueva en horas; hay que tener paciencia.
Cómo probar que funciona
No te fíes de que «debería estar». Comprobarlo lleva cinco minutos:
- Escribe la dirección antigua en el navegador. Debes acabar en la nueva, sin ver ningún error. Hazlo con una ventana privada para evitar sorpresas con la memoria del navegador.
- Prueba desde el móvil. A veces las redirecciones funcionan en ordenador y no en móvil.
- Usa una herramienta de comprobación de redirecciones. Hay varias gratuitas en internet: escribes la dirección vieja y te dicen si devuelve un 301 y a dónde lleva. Si te marca un 302, debe cambiarse si el cambio es definitivo.
- Mira Search Console unos días después. Te avisará si detecta errores de «no encontrada» o redirecciones problemáticas.
- Revisa tus visitas. Si una página que recibía tráfico cae de golpe, comprueba la redirección antes de buscar otras causas.
Qué no debes hacer
- No borres redirecciones a los pocos meses «para limpiar». Mantenlas mientras haya enlaces externos o visitas que pasen por ellas; suele ser bastante tiempo.
- No redirijas páginas sin relación entre sí solo para no ver errores.
- No cambies de dirección por capricho cada pocos meses: cada cambio es una oportunidad de equivocarte.
- No asumas que tu proveedor de web ya lo hizo. Pregunta y comprueba.
Si quieres entender por qué este tipo de cosas importan tanto aunque no sean tu especialidad, te lo explicamos en el SEO técnico también afecta al negocio, no solo a quien programa.
Conclusión
Una redirección 301 es un aviso permanente: «esta página ya no está aquí, está allí». Si cambias una dirección, unes páginas, migras tu web o cambias de dominio, créala, apunta a la página más parecida, evita cadenas, actualiza tus enlaces y compruébala con el navegador y con una herramienta de verificación. No elimina todo riesgo, pero evita errores innecesarios.
AutoAd genera y publica artículos en tu web y vigila tus posiciones; las redirecciones y los cambios técnicos de direcciones forman parte de tu web y conviene que los revise quien la mantiene. Si después quieres que una web bien ordenada te dé visibilidad, solicita acceso a AutoAd y apúntate a la lista de espera.