Tu web actual se ha quedado pequeña, o el programador que la hizo ya no está, o simplemente quieres pasar a otra plataforma más cómoda. O quizá cambias de nombre y con él, de dominio. Todo eso tiene un nombre: migración. Y tiene un riesgo que casi nadie te cuenta hasta que ocurre: si se hace sin cuidado, Google puede dejar de encontrar páginas que hasta ahora te traían visitas.
Esto no es una maldición, es cuestión de orden. Aquí tienes una lista de comprobaciones antes, durante y después del cambio. Y, al final, una recomendación honesta sobre cuándo no conviene hacerlo por tu cuenta.
Qué es lo que se puede perder en una migración
Google conoce tu web por sus direcciones: cada página tiene la suya, y las que funcionan bien han ido acumulando con el tiempo cierta confianza. Si cambias las direcciones y no avisas de dónde ha ido cada contenido, Google se encuentra con páginas que ya no existen y con otras nuevas que no conoce. El resultado habitual es una caída temporal de visitas, que puede durar más o menos según lo bien que se haya hecho el cambio.
Nadie puede asegurarte que no habrá ninguna fluctuación, porque Google tarda en reconocer los cambios. El objetivo realista es que sean pequeñas y pasajeras, y que sepas detectarlas pronto.
Antes de tocar nada: el inventario
Esta es la parte más aburrida y la más importante. Sin inventario no hay migración segura.
- Lista todas las páginas de tu web actual: direcciones, títulos y si tienen visitas. Una hoja de cálculo basta.
- Marca las que más visitas traen y las que generan contactos o ventas. Esas son las que no puedes perder.
- Anota los textos, imágenes y documentos que quieres conservar, y los que aprovecharás para retirar porque ya no sirven.
- Guarda una copia completa de la web actual (contenido y base de datos) antes de empezar.
- Toma nota de tus datos de partida: cuántas visitas recibes por buscadores y qué posición tienen tus páginas principales. Sin eso no podrás comparar después. Para saber qué mirar, tienes qué métricas web importan de verdad para tu negocio.
El mapa de redirecciones: qué página va a dónde
Una redirección es un aviso automático que dice "esta dirección antigua ahora está aquí". Es lo que permite que Google y tus visitantes no se topen con un error.
- Haz una tabla de dos columnas: dirección antigua y dirección nueva. Cada página importante debe tener su destino.
- Redirige cada página a su equivalente más cercano, no todas a la portada. Enviar todo a la página de inicio confunde tanto a las personas como a Google.
- Usa redirecciones permanentes, que indican que el cambio es definitivo (los técnicos las llaman 301).
- Si una página desaparece sin equivalente, decide con cabeza qué hacer: redirigirla a una categoría relacionada o dejar que muestre un aviso claro.
- Revisa que no haya cadenas: una dirección que redirige a otra que redirige a otra ralentiza y complica.
Durante la migración: lo que no se debe olvidar
- Prepara la web nueva en un entorno de pruebas y asegúrate de que Google no la indexa mientras tanto. Ese entorno debe estar oculto a los buscadores hasta que esté lista.
- Comprueba que los títulos, descripciones y encabezados de las páginas importantes se han trasladado bien. Es un fallo frecuente que se pierdan al cambiar de plataforma.
- Conserva la estructura de direcciones siempre que puedas. Si tu plataforma nueva te permite mantener las mismas direcciones, hay menos que redirigir.
- Revisa los enlaces internos: que apunten a las direcciones nuevas y no a las viejas.
- Escoge un momento tranquilo para el cambio, no la semana de mayor actividad de tu negocio.
Si además cambias de dominio, el proceso es más delicado: hay que avisar a Google del cambio a través de su herramienta gratuita para propietarios de webs (Search Console) y mantener las redirecciones durante un tiempo largo. Tienes más contexto sobre este tipo de cambios en el SEO justo después de un rebranding completo.
Justo después: las primeras comprobaciones
El mismo día de la migración, o al siguiente, revisa esto:
- Prueba las direcciones antiguas más importantes y comprueba que te llevan a la página nueva correcta.
- Navega por la web como lo haría un cliente: formularios, botones de contacto, carrito si tienes tienda. Todo debe funcionar.
- Comprueba que la web ya es visible para Google: que no quede una marca que le impida rastrearla (un olvido típico al pasar del entorno de pruebas al real).
- Envía el mapa del sitio actualizado a Search Console, para que Google descubra las direcciones nuevas.
- Revisa que el certificado de seguridad (el candado del navegador) funcione en todas las páginas.
En las semanas siguientes: vigilar sin agobiarse
Durante las semanas posteriores conviene mirar, con calma y de forma regular:
- Los errores que Search Console te señale, como páginas que no se encuentran, y corregir las redirecciones que faltaban.
- Las visitas y posiciones de las páginas del inventario que marcaste como críticas, comparándolas con tus datos de partida.
- Las consultas de clientes: si alguien te dice que "la página no carga" o "no encuentro lo que buscaba", es una pista.
Una pequeña bajada al principio es normal. Lo que debe preocuparte es una caída que no se recupera o que afecta justo a tus páginas más importantes. Una guía para saber si los contenidos siguen trayendo clientes la tienes en cómo medir si un artículo está trayendo clientes.
Cuándo no hacerlo solo
Una web pequeña de pocas páginas puede migrarse con esta lista y algo de paciencia. Pero hay casos en los que conviene contar con un técnico con experiencia en migraciones:
- Tienes una tienda online con muchos productos, variantes y pedidos en curso.
- Tu web tiene cientos de páginas o contenidos generados dinámicamente.
- Vas a cambiar de dominio y de plataforma a la vez.
- Buena parte de tus clientes llegan desde Google y una caída te afectaría de inmediato.
- No tienes claro qué hay detrás de tu web actual (quién la hizo, cómo está montada).
En estos casos, el coste de un buen técnico suele ser menor que el de equivocarse. Pídele que te explique su plan de redirecciones antes de empezar: si lo describe con claridad, es buena señal.
Conclusión
Migrar sin perder posiciones es sobre todo cuestión de preparación: un inventario completo, un mapa de redirecciones bien hecho, pruebas antes de publicar y vigilancia después. No se pueden evitar todas las fluctuaciones, pero sí reducirlas y detectarlas a tiempo. Y en migraciones grandes, contar con un técnico es la decisión prudente.
AutoAd no migra webs ni hace trabajo técnico de traslado. Sí publica artículos de SEO en la web del cliente, puntúa cada uno antes de publicarlo y vigila las posiciones, avisando si bajan, algo que resulta útil cuando acabas de cambiar de plataforma. Si tu web ya está estable y quieres empezar a generar contenido que te encuentre en Google, solicita acceso a AutoAd y te diremos cómo funciona.