Seguro que tú lo has hecho alguna vez: abrir la web de un competidor un martes por la tarde, curiosear qué servicios anuncia, cuándo publicó su último artículo, cuánto cobra, qué reseñas tiene y cómo responde a las malas. No te cuesta imaginarlo porque es lo más natural del mundo. Lo que cuesta más imaginar es que, en algún momento, alguien haga exactamente eso con tu negocio.
Ese momento suele llegar cuando empiezas a salir arriba en Google. Mientras eres invisible, nadie te estudia. En cuanto apareces donde aparecen los demás, te conviertes en referencia, y las referencias se inspeccionan.
Qué puede ver alguien que te inspecciona
Todo lo que publicas en tu web es público, y eso incluye tu estrategia, aunque no la hayas escrito en ninguna parte. Una persona con un rato libre y un par de herramientas gratuitas o de pago puede deducir bastante:
- Sobre qué escribes, y por tanto qué búsquedas te importan.
- Con qué ritmo publicas. Las fechas de tus artículos son un calendario abierto.
- Aproximadamente en qué búsquedas apareces. Las herramientas de terceros estiman posiciones y tráfico. Son estimaciones y a veces fallan por mucho, pero sirven para hacerse una idea.
- Qué precios y condiciones muestras, si los muestras.
- Cómo te tratan tus clientes y cómo les respondes, porque las reseñas y tus contestaciones están a la vista.
Lo que no pueden ver son tus datos reales: cuánto tráfico recibes de verdad, qué convierte, cuánto ganas por cliente. Ver tu estrategia desde fuera no es lo mismo que conocer tus resultados, y esa diferencia debería tranquilizarte.
Los puntos flacos que se notan desde fuera
Si mirases tu negocio con ojos ajenos, lo que primero llamaría la atención no serían tus virtudes, que ya las conoces, sino cinco fallos muy comunes.
- El último artículo es de hace ocho meses. Un blog parado dice más de tu negocio que cualquier eslogan.
- Información que se contradice. El horario de la web no es el de tu ficha de Google, el teléfono cambia según la página o el precio de un servicio aparece con dos cifras distintas.
- Restos caducados. La promoción de un Black Friday de hace dos años sigue publicada, o hay una página de un servicio que ya no ofreces.
- Reseñas sin respuesta. Sobre todo las negativas. Contestar bien o no contestar deja huella ante cualquiera que mire.
- Huecos evidentes. Búsquedas en las que tu competidor tiene tres páginas trabajadas y tú, ninguna.
Hazte tú la inspección primero: una hora basta
No hace falta contratar una auditoría. Una hora bien usada da para revisar lo esencial:
- Busca en una ventana privada las cinco búsquedas que más te interesan y mira quién sale. Son las que verá tu competidor cuando te compare.
- Abre tu web en el móvil como si fueras un cliente nuevo y observa qué pasa en los primeros diez segundos.
- Apunta las fechas de tus últimas publicaciones y comprueba si cuentan una historia de constancia o de abandono.
- Lee tus diez últimas reseñas y tus respuestas.
- Cruza horarios, teléfonos y precios entre web, ficha de Google y redes.
Al terminar tendrás una lista de cinco o seis arreglos concretos. Casi todos cuestan minutos.
Un truco que casi nadie hace
Escribe en Google site:tudominio.com (con tu dominio real) y mira lo que aparece. Ahí está todo lo que Google ha indexado de tu web, incluidas cosas que quizá habías olvidado: un PDF de tarifas para distribuidores, una página de pruebas, un borrador que se publicó sin querer. Cualquiera puede verlo, así que conviene descubrirlo antes que ellos.
Lo que no hace falta esconder
Hay quien, al asustarse, piensa en bloquear herramientas o publicar menos. No merece la pena. Tus posiciones son públicas por naturaleza, y una web que no puede verse no puede posicionarse. Además, que copien tus ideas no significa que copien tus resultados. Pueden imitar el tema de un artículo, pero no su antigüedad, ni las reseñas acumuladas, ni el historial de constancia que Google ha ido viendo durante meses. El tiempo es lo único que no se puede copiar.
Por eso la mejor defensa no es esconder, sino seguir avanzando y no dejar huecos que el otro pueda aprovechar. Si te interesa la versión opuesta, cómo vigilar tú a los demás sin obsesionarte, está en la competencia también cambia de estrategia con el tiempo.
Señales de que ya te están estudiando
No llegan con aviso, pero a veces dejan pistas. Un competidor que de pronto publica sobre los mismos temas que llevas semanas trabajando. Textos de su web que recuerdan demasiado a los tuyos, con tus mismas estructuras o tus mismas preguntas frecuentes. Servicios nuevos en su catálogo que hasta ahora eran cosa tuya.
Nada de esto prueba que te estén copiando, porque dos negocios del mismo sector acaban coincidiendo en muchas cosas. Pero si ocurre con frecuencia, es buen momento para hacer tu propia inspección y comprobar que sigues yendo un paso por delante.
No solo te mira la competencia
Conviene saber que la misma inspección la hacen otros. Un cliente que compara tres opciones antes de contratar. Un posible socio, un proveedor importante o alguien que estudia comprar tu negocio. Una web ordenada, actual y coherente juega a tu favor con todos ellos. Prepararte para la mirada de un competidor es, en la práctica, prepararte para la mirada de cualquiera. Si lo que te preocupa es una inspección oficial o una auditoría de tu sector, el enfoque es otro y lo trata preparar la web antes de una inspección o auditoría del sector.
Conclusión
Empezar a salir en Google tiene un efecto secundario que casi nadie anuncia: dejas de ser invisible y otros empiezan a estudiarte. La respuesta no es esconderse, sino hacer tú antes la inspección y limpiar lo que no quieres que se vea. Una hora de revisión y un ritmo de publicación constante te preparan mejor que cualquier medida defensiva.
Mantener ese ritmo sin dedicarle las tardes es lo que hace AutoAd: publica en tu web cada día y vigila en qué puesto sales para avisarte si bajas. Si te interesa, pide acceso a AutoAd.