En la reunión de venta se habla de estrategia, de resultados, de casos anteriores. El contrato llega después, casi como un trámite, y suele tener una página entera dedicada a la duración del servicio, redactada con el mismo tono neutro que el resto del documento. Es fácil pasar por encima de esa página sin detenerse, porque nada en el tono avisa de que ahí es donde de verdad se decide cuánto te va a costar cambiar de opinión.
Qué dice normalmente esa cláusula
Una cláusula de permanencia típica fija tres cosas: una duración mínima del contrato, casi siempre de seis o doce meses; una renovación automática si no se avisa con antelación de que no se quiere continuar; y una penalización económica si decides irte antes de que termine ese periodo mínimo. Ninguna de las tres es ilegal ni rara: es una práctica extendida en muchos sectores de servicios, no solo en marketing.
El problema no es que exista. El problema es que se firma sin haber hecho antes las tres preguntas que de verdad importan, y esas preguntas casi nunca las plantea quien vende el contrato.
Pregunta uno: cuánto dura de verdad, contando la renovación automática
Un contrato de doce meses con renovación automática y treinta días de preaviso no dura doce meses. Dura doce meses más lo que tardes en darte cuenta de que el plazo de aviso ya pasó. Si el preaviso hay que darlo con dos meses de antelación al final del periodo, y tú te acuerdas de revisarlo un mes antes, ya estás dentro de otro año entero sin haberlo decidido de forma activa.
Antes de firmar, conviene marcar en el calendario, en el momento de la firma y no once meses después, la fecha exacta en la que hay que avisar si no se quiere continuar.
Pregunta dos: qué penalización hay por salir antes de tiempo
Aquí es donde más varía de un contrato a otro. Algunas agencias cobran el resto de las mensualidades pendientes hasta completar el periodo mínimo. Otras cobran un porcentaje. Otras hablan de "gastos de gestión" sin concretar la cifra hasta que llega el momento de irse. Pedir esa cifra exacta por escrito antes de firmar, y no fiarse de un "eso no suele pasar", es la diferencia entre una salida cara y una salida previsible.
Pregunta tres: qué pasa con lo que se ha producido si te vas
Esta es la pregunta que menos se hace y la que más duele cuando se responde mal. El contenido publicado en tu web, en principio, se queda ahí porque es tuyo. Pero conviene verificar dos cosas por separado: que los accesos a tu propia web y a tus cuentas de Google no hayan quedado en manos de la agencia sin que tengas tú también las claves, y que cualquier informe, keyword research o estrategia documentada que hayas pagado te la entreguen, no que se quede solo en el ordenador de quien la hizo.
Repasamos con más detalle qué mirar antes de firmar con cualquier proveedor, más allá de esta cláusula concreta, en cómo elegir una agencia de marketing digital.
Por qué esta cláusula pesa más de lo que parece en el momento de firmar
En el momento de la firma, todo el mundo está pensando en lo bien que va a ir, no en cómo sería salir si no va bien. Es un sesgo humano normal y las cláusulas de permanencia se benefician exactamente de ese momento: se leen con el optimismo de quien empieza, no con el criterio de quien ya lleva seis meses insatisfecho. Por eso conviene leerla como si ya hubiera pasado lo peor: imagina que en el mes siete el servicio no te convence. Con esa cláusula concreta delante, ¿cuánto te cuesta parar?
La alternativa sin esa pregunta encima de la mesa
En un modelo como AutoAd esta pregunta directamente no existe, porque no hay permanencia mínima que calcular ni penalización que temer. Las tres cuotas, 99 € al mes con tres artículos diarios, 199 € con diez, o 499 € con cien, se pagan mes a mes, y cancelar significa exactamente eso: dejar de pagar el mes siguiente, sin cláusula que leer dos veces.
Esto no es casualidad ni un simple gesto comercial: tiene una explicación de fondo en por qué una agencia necesita ese compromiso para poder operar y un software no, que desarrollamos en por qué la agencia pide un año de compromiso y el software ninguno.
Una cuarta pregunta que conviene añadir a la lista
Hay una cuarta cosa que merece la pena preguntar aunque no aparezca escrita en ninguna cláusula: qué pasa con la comunicación durante el periodo de permanencia si el servicio empieza a decaer. Un contrato puede obligarte a seguir pagando, pero no puede obligar a nadie a seguir trabajando con el mismo nivel de esfuerzo del primer mes. Si no hay forma de salir antes y tampoco hay un canal claro para exigir que el trabajo mejore, te quedas atado sin ninguna palanca real durante el tiempo que falte. Preguntar, antes de firmar, qué pasa si no estás conforme pero todavía te quedan meses de permanencia, y qué mecanismo existe para revisar el servicio sin esperar a que termine el contrato, evita descubrirlo de la peor manera posible.
Conclusión
No hay nada de malo en firmar un contrato con permanencia si el servicio lo justifica y las condiciones son claras desde el principio. Lo que no conviene es firmarlo sin haber hecho antes las tres preguntas de este artículo: cuánto dura de verdad, cuánto cuesta irse antes y qué te llevas contigo si te vas. Esa página que se lee por encima en la reunión de firma es, casi siempre, la que más va a importar el día que quieras cambiar de opinión.
Si prefieres empezar sin esa cláusula sobre la mesa, solicita acceso a AutoAd y decide cada mes si quieres seguir, sin nada más que calcular.