Guías9 de octubre de 2026·6 min de lectura

Guía de estilo para el blog de tu empresa: qué debe incluir

Qué debe incluir la guía de estilo del blog de tu empresa: tratamiento, palabras que se usan y se evitan, estructura de artículo, un modelo corto y cómo pasarla.

La guía de estilo de un blog es una página, de una a dos hojas, donde dejas por escrito cómo habla tu empresa: si tuteas o tratas de usted, qué palabras usáis y cuáles evitáis, cómo se estructura un artículo y qué cosas no se hacen nunca. Sirve para que el blog suene a ti aunque lo escriban varias personas, o un redactor, una agencia o un software, y para que no tengas que corregir lo mismo cada vez.

No hace falta un manual de marca de cincuenta páginas. Una guía corta, con ejemplos, se usa; una guía larga se archiva y se olvida. Aquí tienes qué incluir, un modelo para copiar y cómo hacérsela llegar a quien publica por ti.

¿Para qué sirve una guía de estilo en un blog de empresa?

Sirve para tres cosas muy prácticas. La primera es la coherencia: si un artículo te trata de tú y el siguiente de usted, o si un texto llama «clientes» a quien en otro se llama «socios», el lector percibe una web sin criterio. La segunda es ahorrar correcciones: cuando las normas están escritas, las dudas se resuelven mirando la página y no preguntándote a ti cada vez. La tercera es proteger tu voz cuando el blog crece, porque a medida que aumenta el volumen de textos, depender de la memoria de una sola persona deja de funcionar.

Para una pyme, es además la forma más barata de dar instrucciones claras. Lo que no se puede explicar en una hoja suele ser demasiado complicado para aplicarlo de manera constante. Si aún estás decidiendo quién escribe tu blog, mira quién debería escribir el blog: el dueño, el equipo o un proveedor.

Qué debe incluir una guía de estilo

Reúne estos apartados, con una o dos líneas cada uno:

  • Quién eres y a quién escribes. El negocio en dos frases y el lector tipo: a qué se dedica, qué sabe, qué le preocupa.
  • Tratamiento y tono. Tú o usted; cercano, técnico, sereno o con humor; qué grado de formalidad aceptas.
  • Vocabulario. Palabras que sí usáis y palabras que no. Por ejemplo, si decís «presupuesto» y no «cotización», o si evitáis anglicismos innecesarios.
  • Cómo nombrar lo tuyo. El nombre exacto de la empresa, de los servicios y de los productos, con su mayúscula o minúscula, y cómo se escriben las cifras y las fechas.
  • Estructura de un artículo. Cómo empieza, qué secciones lleva, cómo cierra y qué extensión orientativa tiene.
  • Títulos. Claros, que digan de qué trata el texto, sin trucos ni exageraciones.
  • Datos y promesas. Qué se puede afirmar y con qué respaldo. Una regla sencilla: sin cifras ni estudios que no puedas comprobar, y sin prometer resultados.
  • Enlaces y llamadas a la acción. A qué páginas se enlaza, cómo se invita a contactar y con qué frecuencia.
  • Temas prohibidos o delicados. Lo que nunca se publica: opiniones políticas, críticas a competidores concretos, consejos que correspondan a profesionales con titulación.
  • Imágenes y firma. Qué tipo de imágenes se usan y quién figura como autor.

Un modelo corto que puedes copiar

Aquí tienes una versión reducida, con un negocio hipotético, una empresa de reformas, para que veas el tamaño de una guía útil:

  • Quiénes somos: una empresa de reformas de viviendas que atiende a familias de nuestra ciudad.
  • Lector tipo: propietario sin conocimientos técnicos que quiere entender las opciones antes de pedir presupuesto.
  • Tono: cercano y claro. Tuteamos. Frases cortas y ejemplos del día a día.
  • Palabras que usamos: «reforma», «presupuesto», «obra», «plazo».
  • Palabras que evitamos: jerga innecesaria, adjetivos grandilocuentes como «excelencia» o «solución integral».
  • Estructura: apertura con la respuesta directa, entre cuatro y seis secciones con subtítulos claros, cierre con pasos a seguir.
  • Datos: solo los que podamos justificar. Nada de plazos ni precios cerrados si dependen de la obra.
  • Prohibido: hablar mal de otras empresas, dar consejos de seguridad estructural sin remitir a un técnico.
  • Cierre: una invitación sencilla a pedir presupuesto, sin presión.

Lo importante no son estas palabras en concreto, sino que cada punto tenga una decisión clara. Si te cuesta empezar, rellena primero «lector tipo», «tono» y «prohibido»: son los tres apartados que más evitan errores.

¿Cómo se la pasas a quien publica por ti?

Entrega la guía antes del primer encargo, y no esperes a corregir sobre la marcha. Quien escribe tu blog, sea un redactor, una agencia o un software, trabaja mejor con instrucciones claras que con intuiciones. Haz estas cuatro cosas:

  • Adjunta la guía en un documento aparte, sencillo de consultar.
  • Añade dos o tres artículos modelo, de tu web o de otro lugar, con una nota de qué te gusta de cada uno. Un ejemplo vale más que diez normas.
  • Incluye pares de «así sí, así no». Una frase correcta y otra incorrecta sobre el mismo asunto aclaran más que una explicación abstracta.
  • Revisa los primeros textos con ojo crítico y devuelve correcciones concretas, que luego puedes incorporar a la propia guía.

Si tu proveedor no admite instrucciones de este tipo, pregúntale cómo las incorpora; la respuesta te dice mucho. Para el tono con IA, cómo usar IA para escribir contenido con calidad añade matices útiles.

Cómo mantener la guía viva

Una guía no se escribe una vez y se olvida. Revísala de vez en cuando, por ejemplo cuando cambia tu oferta, tu público o tu forma de hablar. Anota las dudas que van surgiendo y conviértelas en reglas. Si una norma nunca se aplica, quítala; si se incumple siempre, quizá sea demasiado difícil. Y si el blog se organiza en varias categorías, conviene que la guía diga algo de cada una, como se plantea en cómo organizar el blog de una empresa por categorías.

Errores frecuentes: hacerla demasiado larga, llenarla de buenos deseos sin ejemplos, escribirla en un tono que no es el del propio negocio y no enseñársela nunca a quien la tiene que aplicar.

Conclusión

Una buena guía de estilo es breve, tiene ejemplos y deja decididas las cosas que más se repiten: tratamiento, vocabulario, estructura, datos permitidos y temas prohibidos. No sirve para escribir mejor por sí sola, sirve para que el blog mantenga una voz reconocible, escriba quien escriba, y para que corregir deje de ser una tarea sin fin.

Si publicas con un servicio como AutoAd, que genera y publica artículos en tu web y puntúa cada uno antes de publicar, la guía te da un criterio claro para revisar con tu propio ojo lo que sale con el nombre de tu empresa. Si quieres verlo funcionando con tu web, reserva una demo de AutoAd.

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