Guías30 de septiembre de 2026·5 min de lectura

Carteles que venden: qué poner en la puerta y en el mostrador

Qué decir en los carteles de tu local, dónde colocarlos y cuánto texto admite cada uno. Incluye cómo usar un código QR para saber cuántos lo escanean.

Tienes un local abierto al público y carteles por todas partes: uno en la puerta, otro en el escaparate, dos en el mostrador y uno en la pared de atrás. La pregunta es si alguno de ellos hace algo o solo ocupa espacio. La mayoría de los carteles fracasan por lo mismo: intentan decir demasiado, en el sitio equivocado y con una letra que nadie lee.

Un cartel bueno hace una sola cosa. Y cada cartel tiene su momento: el de la puerta busca que entren, el del mostrador busca que compren algo más o que vuelvan. Lo que pase en el local también pesa fuera de él, como se explica en la experiencia offline no construye sola la reputación online, así que conviene cuidar ambos mundos.

El cartel de la puerta: que alguien decida entrar

Quien pasa por delante lo mira unos segundos, a veces desde la acera o desde un coche. Tiene que responder a tres preguntas casi sin pensar: qué es este sitio, si me interesa y si está abierto.

Qué poner:

  • Qué haces, en pocas palabras. "Reparación de móviles en el momento" comunica más que un nombre bonito sin contexto.
  • El horario, claro y actualizado. Es el dato que más frustra cuando falta o es incorrecto.
  • Una razón para entrar ahora. Una oferta vigente, un servicio sin cita o una novedad.
  • Cómo contactar si está cerrado: teléfono o una dirección para escribirte.

Qué evitar: listas largas de servicios, varios mensajes en un mismo cartel, letra fina con condiciones, o textos que cambian pero se quedan puestos después de caducar.

El cartel del mostrador: vender más o que vuelvan

Quien ya está dentro te está mirando de cerca y tiene tiempo mientras espera. Es el lugar para mensajes algo más detallados, pero sin pasarte:

  • Una sugerencia concreta: un producto complementario, un servicio adicional o un pack.
  • Formas de pago y condiciones básicas si generan dudas frecuentes.
  • Una invitación a volver o a recomendar: un pequeño incentivo, un descuento para la próxima visita o la forma de dejar una reseña.
  • Tu contacto directo para pedidos o consultas fuera del horario.

Piensa en una peluquería hipotética. En la puerta pone "Corte y peinado sin cita, de martes a sábado". En el mostrador, un cartel pequeño con una idea: "¿Tratamiento para el pelo seco? Pregúntanos". Cada uno tiene una función distinta y ninguno intenta hacerlo todo.

Cuánto texto admite cada cartel

No hay una cifra exacta, pero sí una regla útil: cuanto más lejos o más rápido pasa la gente, menos texto.

  • Puerta y escaparate: una idea principal y, como mucho, una línea de apoyo. Si no se entiende en unos segundos, sobra texto.
  • Mostrador: una o dos ideas breves. La gente tiene algo más de tiempo, pero no va a leer un párrafo.
  • Interior, junto a un producto: algo más de detalle, porque quien lo lee ya está interesado.

Y cuida lo básico de la lectura: letra grande, buen contraste con el fondo (oscuro sobre claro o al revés, sin tonos parecidos) y sin brillos que impidan leerlo si el cartel está detrás de un cristal. Prueba a mirarlo desde donde estaría quien lo lee.

Un código QR que sirva de algo

Un QR permite que alguien pase de un cartel a tu web, tu WhatsApp o tu ficha de reseñas con el móvil. Pero muchos QR se ponen sin pensar y no sirven de nada. Para que te resulte útil:

  • Que lleve a una página con sentido. Si el cartel habla de una oferta, el QR debe llevar a esa oferta, no a la portada genérica.
  • Que diga para qué sirve. "Escanea para reservar" o "Escanea para ver la carta" funciona mejor que un cuadrado sin más.
  • Que tenga un tamaño y un contraste suficientes y esté a una altura cómoda para el móvil.
  • Que esté donde haya cobertura y que la página cargue rápido en el móvil.

Cómo saber cuántas personas lo escanean

Si pones el mismo QR en varios carteles, no sabrás cuál funciona. Hay dos formas sencillas de medirlo:

  • Un enlace distinto para cada cartel, con etiquetas (las llamadas UTM) que indican de dónde viene la visita. Tus estadísticas web las leen y te dicen cuántas visitas llegan de cada una. Hay generadores gratuitos que las añaden.
  • Un servicio de QR con contador, que cuenta los escaneos por ti.

Prueba con un solo cartel al principio y fíjate en los escaneos durante un tiempo razonable. Si nadie lo usa, cambia el mensaje o el lugar, no pongas más carteles. Para medir con más criterio si una acción compensa, puedes leer cómo medir el retorno de tu inversión en marketing.

Errores de cartelería que frenan al cliente

  • Demasiados carteles juntos. Cuando hay muchos, ninguno se lee. Mejor pocos y cuidados.
  • Mensajes caducados. Una promoción pasada, un horario antiguo o un precio que ya no se aplica generan desconfianza y reclamaciones.
  • Letra pequeña o poco contraste. Si hay que acercarse a leerlo, muchos no lo harán.
  • Carteles descoloridos, rotos o mal pegados. Dan imagen de descuido.
  • Mensajes contradictorios. Que en el cartel ponga una cosa y en tu web u otra red pongan otra.
  • Decir lo que todos dicen. "Calidad y buen precio" no diferencia a nadie; di algo concreto que te distinga.
  • Ningún paso siguiente. Un cartel que informa pero no invita a hacer nada deja al cliente sin saber cuál es el siguiente paso.

Conclusión

Un cartel eficaz dice una sola cosa, en el lugar adecuado y con un tamaño que se lea. La puerta busca que entren, el mostrador que compren o vuelvan, y el QR sirve si lleva a una página útil y puedes contar cuántos lo usan. Revisa los carteles de vez en cuando y retira lo caducado.

Esto es marketing presencial y AutoAd no lo cubre: no diseña carteles ni gestiona material para tu local. Lo suyo está en otra parte, en que tu web aparezca en Google con SEO y en los anuncios de Google Ads; si te interesa esa parte, solicita acceso a AutoAd.

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