El logo nuevo tuvo brief. Tuvo presupuesto, tres propuestas, dos rondas de cambios y una reunión de aprobación con café. Tu presencia en Google, mientras tanto, no tuvo nada de eso: ni brief, ni fecha, ni responsable.
Y esa es la razón de que, meses después del rediseño, lo que se ve desde la calle parezca de este año y lo que Google cuenta de ti siga siendo de hace cinco.
Un proyecto con dueño y otro sin dueño
Compara lo que recibió cada uno:
- El logo: un encargo concreto. La presencia en Google: un "ya lo haremos".
- El logo: una lista de entregables (archivos, versiones, colores). La presencia en Google: no existe ninguna lista.
- El logo: una fecha de lanzamiento. La presencia en Google: cuando haya un rato.
- El logo: alguien cobra por hacerlo. La presencia en Google: no hay partida ni proveedor.
- El logo: cuando falta, se nota al instante en el cartel. La presencia en Google: nada avisa de que falta.
No es dejadez. Es estructura: un proyecto de marca es visible y tiene final, y la presencia en buscadores es difusa y continua. Lo que tiene principio y fin recibe un responsable; lo que se reparte entre cinco sitios no lo recibe nunca. Es la misma trampa que explicamos en un rediseño bonito no mejora el SEO de forma automática, vista ahora desde la marca.
Lo que depende de las palabras, no de la imagen
Google no lee tu logo como lo lee una persona. Lo que sí lee, y lo que le cuenta a quien te busca, son textos. Cuatro sitios en los que un cambio de logo no toca ni una coma:
- El título y la descripción que salen en los resultados de tus páginas principales: esa línea azul y esas dos líneas grises que son tu primer escaparate.
- La descripción de tu ficha de Google y la lista de servicios, tal como las redactaste hace años.
- La página "Quiénes somos" y la portada, que te presentan con la voz y los argumentos de antes.
- Los artículos y páginas de servicio ya publicados, que hablan de lo que hacías cuando se escribieron.
Si lo que buscas es el recorrido por todos los sitios donde vive tu imagen antigua (redes, directorios, firmas, anuncios), lo tienes en actualizar tu presencia online tras renovar la imagen sin cambiar de nombre. Aquí hablamos de otra capa, la de las palabras.
La pregunta que el diseñador no se hace
Un logo nuevo casi siempre llega acompañado de una idea de "hacia dónde vamos": más premium, más joven, más especializado, otro tipo de cliente. El diseñador traduce esa idea en formas y colores. Pero nadie la traduce a búsquedas.
Imagina una asesoría que se moderniza para atraer a autónomos jóvenes. El logo, los colores y las fotos ahora lo dicen. Sin embargo, las páginas siguen hablando con el vocabulario del cliente de siempre, y Google, que no lee la intención del rebranding, la sitúa donde sus textos dicen que está. Quien teclea lo que teclearía el nuevo público no encuentra nada que se parezca.
La pregunta que conviene hacerse el día que se aprueba el logo es esta: ¿la gente que queremos atraer ahora busca con las mismas palabras que la que teníamos antes? Si la respuesta es que no, la modernización tiene un trabajo pendiente que ningún archivo vectorial va a resolver.
La semana de la curiosidad, que se desperdicia
Un rediseño tiene un momento en el que muchos te miran a la vez: la publicación en redes, el correo a los clientes, el comentario de quien pasa por delante del cartel nuevo. Buena parte de esa gente, antes de fiarse del cambio, hace algo muy simple: busca tu nombre en Google.
Y ve lo que Google tenga. Si tiene una descripción de hace años, una portada que habla de servicios que ya no ofreces y una ficha con fotos de la fachada anterior, la campaña de lanzamiento acaba en una pantalla que la contradice. Esa semana de atención no se repite, y llegar a ella con la presencia en Google ya al día es lo más barato que puedes hacer por tu rediseño.
El brief paralelo: cinco líneas, una fecha y una persona
No hace falta un gran proyecto. Hace falta que la parte de Google tenga la misma dignidad que la parte del logo. Un brief mínimo:
- Un responsable con nombre. Si no hay nadie más, eres tú.
- Revisar el texto que sale en Google de las cinco páginas que más visitas reciben: título y descripción, adaptados a lo que ofreces hoy.
- Reescribir la descripción de la ficha y la lista de servicios con el lenguaje actual.
- Decidir qué contenido antiguo ya no te representa, y qué hacer con cada pieza; en qué decidir si tu contenido antiguo ya no representa tu negocio hay criterios para hacerlo.
- Una medida y una fecha: anota hoy cuántas veces aparece tu web en Search Console para las búsquedas que te importan, y vuelve a mirarlo pasadas unas semanas. Sin punto de partida, nadie sabrá si la modernización llegó a Google.
Dos semanas para lo anterior es un plazo realista. Dos trimestres es lo que pasa cuando nadie ha escrito la fecha.
Después del brief: lo que se publica desde hoy
Lo anterior actualiza el pasado. El resto es lo que se publique a partir de ahora, y ahí conviene que salga con la voz nueva desde el primer día. AutoAd aprende cómo hablas y escribes en lugar de tirar de plantillas, así que, si tu tono ha cambiado con el rediseño, lo útil es contárselo al principio; cada artículo posterior sale con ese registro y no con el que tenías antes.
Conclusión
Un logo se renueva con un encargo; la presencia en Google se renueva con un encargo también, aunque nadie lo haya formulado. Ponerle responsable, cinco líneas y una fecha es la diferencia entre un rebranding que se ve y otro que también se encuentra. Si quieres que lo que publiques a partir de ahora ya suene a tu marca renovada, empieza por la lista de acceso de AutoAd.