Te sientas a escribir un artículo para la web de tu negocio. Tienes claro el tema, pero te atascas en la primera frase. Acabas escribiendo algo como «En el mundo actual, cada vez más personas buscan información en internet», la dejas ahí y sigues con lo importante. El problema es que esa frase, que es la que menos te ha costado, es también la que más lectores pierde.
Quien llega a tu artículo desde Google llega con una pregunta concreta y poca paciencia. Las primeras líneas le dicen en un par de segundos si ha acertado o si tiene que volver a los resultados. Vamos a ver cómo escribirlas bien.
Qué busca quien llega a tu artículo
Piensa en alguien que ha escrito en el buscador «cómo elegir una caldera de gas». No quiere una historia sobre la calefacción. Quiere saber si este texto le va a ayudar a elegir. Si en las primeras líneas encuentra señales de que sí, sigue leyendo. Si encuentra rodeos, se marcha.
Por eso una buena introducción cumple tres funciones:
- Confirma que está en el sitio correcto: reconoce su pregunta o su situación.
- Le adelanta lo que va a encontrar: sin exagerar.
- Le da una razón para seguir: una primera pista de la respuesta.
Ve al grano: que la respuesta asome pronto
Un ejemplo hipotético para un artículo sobre cómo elegir una caldera. Esta es una introducción de relleno:
- Antes: «Desde hace siglos, el ser humano ha buscado formas de calentar su hogar. Hoy en día existen muchos tipos de calderas en el mercado, y elegir la adecuada puede parecer complicado. En este artículo vamos a hablar de todo lo que debes saber.»
Y esta es una versión que respeta al lector:
- Después: «Elegir una caldera de gas depende sobre todo de tres cosas: cuántas personas viven en casa, cuánta agua caliente usáis a la vez y el tipo de instalación que ya tienes. Te explicamos cómo valorar cada una para que sepas qué preguntar antes de comprar.»
La segunda ya contiene parte de la respuesta y deja claro qué viene después. No hace falta contarlo todo, pero sí mostrar que el artículo tiene algo útil desde el primer párrafo.
Promete solo lo que cumples
Una introducción puede enganchar al principio y decepcionar al final si promete más de lo que el artículo entrega. Es el mismo problema que un título exagerado: la persona entra con una expectativa y se va con la sensación de que le han tomado el pelo.
Otro ejemplo hipotético. Un artículo que empieza diciendo «La guía definitiva para no volver a tener problemas con tu caldera» y luego ofrece cuatro consejos básicos rompe la promesa. Es mejor algo como «Cuatro revisiones sencillas que puedes hacer tú mismo antes de llamar al técnico». Es menos rimbombante, pero el lector encuentra exactamente lo prometido, y eso es lo que hace que confíe en ti la próxima vez.
Regla práctica: si al terminar el artículo tuvieras que tachar alguna palabra de la introducción por exagerada, tacha esa palabra antes de publicar.
Introducciones de relleno que conviene evitar
Hay patrones que aparecen una y otra vez y que casi nunca aportan nada:
- El tópico universal: «Hoy en día, internet es fundamental para cualquier negocio». Todo el mundo lo sabe y no dice nada sobre tu tema.
- La definición de diccionario: «Según la definición, una caldera es un aparato que…». Quien busca cómo elegir una caldera ya sabe qué es.
- El anuncio del anuncio: «En este artículo vamos a hablar de…». Si después el texto habla de eso, sobra la advertencia.
- La pregunta retórica vacía: «¿Te has preguntado alguna vez qué pasaría si…?». Solo funciona si la pregunta es realmente la del lector.
- La anécdota sin conexión: una historia simpática que tarda cinco párrafos en llegar al tema.
No significa que una anécdota o una pregunta estén prohibidas. Significa que tienen que servir al objetivo del lector, y no al de rellenar el principio.
Una receta sencilla para escribirla
Cuando no sepas por dónde empezar, prueba con este esquema de cuatro frases y luego ajústalo a tu estilo:
- Primera frase: la situación o la pregunta del lector, con sus palabras.
- Segunda frase: qué problema concreto resuelve el artículo.
- Tercera frase: qué va a encontrar, sin inflarlo.
- Cuarta frase: un adelanto de la respuesta corta, para que tenga una razón para seguir.
Una introducción no tiene por qué ocupar más de dos párrafos cortos. Si te pasas de ahí, pregúntate si estás dando contexto útil o retrasando lo que el lector vino a buscar.
Cómo revisar la tuya antes de publicar
- Borra la primera frase y lee el texto otra vez. Si la introducción funciona igual de bien, esa frase sobraba.
- Léela en voz alta. Si te suena a discurso, reescríbela como se lo explicarías a un cliente en el mostrador.
- Comprueba que aparece lo principal: el tema, el beneficio para el lector y el adelanto de una respuesta.
- Compárala con el título. Tienen que contar la misma historia; si no, uno de los dos está mal.
Para completar esta revisión, te pueden servir cómo escribir un artículo que posicione en Google y escribir para las personas también es escribir para Google. Si además quieres afinar el título que acompaña a tu introducción, tienes cómo escribir títulos que destaquen en Google.
Conclusión
La introducción de un artículo es un pequeño contrato con el lector: le dices qué va a encontrar y le demuestras enseguida que vas a cumplir. Ve al grano, promete solo lo que entregas y elimina el relleno que podría aparecer en cualquier otro texto sobre cualquier otro tema. Con eso ya estarás por delante de la mayoría.
Si prefieres no escribir tú los artículos de tu web, AutoAd los genera y los publica, y puntúa cada uno antes de publicarlo. Aun así, las primeras líneas son lo primero que conviene mirar en cualquier texto, lo escriba quien lo escriba. Si quieres conocerlo, solicita acceso a AutoAd y te apuntamos a la lista de espera.