Tus seguidores ya saben que existes. Ese es, precisamente, el problema de medir todo tu negocio por lo que pasa en Instagram: estás hablando, con mucho cariño y mucho esfuerzo, a gente que ya te ha encontrado. Las personas que todavía no saben que existes, y que sí necesitan lo que vendes, están en otro sitio, escribiendo su problema en un buscador sin tener ni idea de cómo te llamas.
Dos públicos que no se parecen
Piensa en dos grupos. El primero es el público caliente: quienes ya te siguen, te han recomendado o te han comprado. El segundo es el público frío: gente con una necesidad concreta que nunca ha oído hablar de tu negocio. No son mejores ni peores; son distintos, y cada canal está construido para uno de ellos.
Las redes sociales hacen un trabajo excelente con el primero. Te mantienen presente en su día a día, muestran cómo trabajas, generan confianza con el tiempo y hacen que vuelvan. Pero su mecánica se apoya en que alguien te siga o en que la plataforma decida enseñarte a un desconocido. Google funciona al revés: no hace falta que nadie te conozca, basta con que tenga un problema y lo escriba.
Quién teclea en Google a las once de la noche
Imagina a alguien con una fuga de agua que no para, o con una muela que empieza a dolerle un sábado. No escribe el nombre de ningún negocio; escribe lo que le pasa, con sus propias palabras y con prisa. No sigue a ninguna clínica ni a ningún fontanero, y por eso ninguna publicación tuya, por buena que sea, le va a llegar.
Esa persona necesita una sola cosa: que alguien le resuelva el problema. Y quien lo consigue es la página que respondió a esa pregunta antes de que se hiciera. Esa es la razón por la que la búsqueda trae clientes que ningún seguidor te habría traído: llega gente con una necesidad viva y sin ninguna relación previa con tu marca.
Lo que Instagram hace bien y por qué no hay que dejarlo
Nada de esto es una crítica a las redes. Fidelizan, enseñan el trabajo terminado, ponen cara a tu equipo, anuncian novedades y dan prueba social. También ayudan en un momento que se suele olvidar: es fácil que quien te encuentra en Google eche un vistazo a tus redes antes de llamar, para comprobar que eres real y que estás activo. Un buen perfil convence a quien ya estaba a punto de decidir.
Lo que no hacen bien, por diseño, es traer a desconocidos con una necesidad concreta y a la hora en que la tienen.
El techo de vender solo a quien ya te conoce
Un público conocido es finito. Imagina, con números inventados solo para ilustrar, una tienda con 2.000 seguidores, de los que quizá una parte pequeña vive a distancia razonable y una parte aún menor compra con regularidad. Cada publicación nueva llega sobre todo a esos mismos, y quien ya te compró o no te va a comprar más veces o no te va a comprar. Para crecer hacen falta personas nuevas, y en una red social eso depende de que el algoritmo decida enseñarte fuera de tu círculo, algo que no controlas.
Con una página bien posicionada ocurre lo contrario: cada día pueden pasar por delante de ella personas nuevas, sin que tengas que volver a hacer el esfuerzo de captarlas una a una. No es inmediato ni está garantizado, pero el alcance ya no depende de que alguien te siga.
Un test de tres minutos con tus últimos clientes
Coge a tus últimos veinte clientes, o los que recuerdes, y separa dos montones: los que te conocían antes de llegar y los que no. Si casi todos te conocían, tu negocio vive del público caliente. Es cómodo, pero tiene techo, y conviene saberlo. Si una parte importante eran desconocidos, la siguiente pregunta es cómo dieron contigo, porque ese camino es el que merece más cuidado. Una forma sencilla de convertirlo en costumbre está en cómo saber qué parte de tus ventas viene realmente de internet.
Que cada canal haga lo suyo
La conclusión práctica no es elegir uno, sino asignar funciones. Google descubre; Instagram convence y fideliza. Una persona te encuentra buscando su problema, llega a una página tuya que se lo explica y, si le gusta lo que ve, te sigue en redes para no perderte. Y el trabajo no se duplica: un artículo que responde una duda real se puede reaprovechar en una publicación, como explicamos en cómo reutilizar un artículo de blog en otros formatos.
Si lo que te preocupa es cómo repartir un presupuesto limitado entre ambos, cómo elegir entre invertir en web o en redes sociales entra en ese detalle, y la diferencia de fondo entre los dos canales está en por qué el SEO y las redes no son la misma cosa.
Conclusión
Instagram es el escaparate para quien ya ha pasado por delante de tu puerta; Google es la calle por la que pasa quien todavía no sabe que estás. Un negocio que solo cuida el escaparate se queda con un público cada vez más conocido y cada vez menos nuevo.
AutoAd se ocupa de la parte de la calle: publica artículos que responden a lo que escribe quien aún no te conoce, y lo hace de forma constante, con tu voz. Si quieres que tu negocio también llegue a los que todavía no te siguen, únete a la lista de acceso de AutoAd.