Cuando contratas un servicio que se conecta a tu web y a tus cuentas de Google, la pregunta llega sola: ¿qué se están llevando exactamente y qué van a hacer con ello? Es una duda sana, y más aún en un mercado donde muchos servicios explican con detalle lo que hacen y muy poco lo que guardan.
Vamos a poner orden: qué datos entran en juego realmente, cuáles son sensibles y cuáles no, qué derechos tienes y qué preguntas concretas hacerle a cualquier proveedor antes de firmar.
Qué datos maneja de verdad un servicio de SEO
Lo primero es rebajar el drama, porque la mayoría de lo que se comparte no es información personal de nadie.
Datos de tu web. El contenido de tus páginas, su estructura, los títulos, los enlaces internos, la velocidad de carga. Todo eso es público: cualquiera puede verlo entrando en tu web. No hay nada confidencial ahí.
Datos de Google Search Console. Es la parte más valiosa y la que más se malinterpreta. Search Console te dice en qué búsquedas aparece tu web, cuántas veces se muestra, cuántos clics recibes y en qué posición media estás. Son datos agregados sobre el comportamiento del buscador con tu sitio, no expedientes de personas. Google no entrega ahí la identidad de quien busca, y de hecho oculta muchas búsquedas poco frecuentes precisamente para evitar que se pueda identificar a alguien.
Datos de analítica, si los conectas. Cuánta gente entra, por dónde, cuánto tiempo se queda. También agregados.
Datos de Google Ads, si contratas publicidad. Aquí sí hay información comercialmente sensible: cuánto gastas, qué búsquedas te salen rentables, qué anuncios funcionan. No es dato personal, pero es estrategia de tu negocio y merece protección.
Y datos tuyos como cliente. Tu nombre, tu correo, tus datos de facturación. Estos sí son datos personales y están sujetos a la normativa de protección de datos.
Fíjate en lo que no suele estar en la lista: tu base de clientes, tus correos, tus facturas o tus documentos. Un servicio de SEO no necesita nada de eso, y si te lo pide es una señal para preguntar por qué.
Cómo se accede a esos datos
El mecanismo importa tanto como el contenido, porque determina cuánto control conservas.
Un servicio serio no te pide la contraseña de tu cuenta de Google. Te lleva a una pantalla del propio Google, con la dirección de Google en el navegador, donde tú inicias sesión y decides si concedes el permiso. Lo que el servicio recibe es una autorización limitada emitida por Google, no tus credenciales.
Esa autorización solo sirve para lo que tú has aprobado, no da acceso a tu correo ni a tu Drive, y la puedes retirar en cualquier momento desde la configuración de seguridad de tu cuenta de Google, sin avisar a nadie y sin que dependa del proveedor. Lo explicamos en detalle en ¿es seguro dar acceso a mi cuenta de Google?.
Para publicar en tu web, además, el servicio necesitará algún tipo de acceso al gestor de contenidos. Ahí la buena práctica es crear un usuario dedicado con los permisos justos para publicar, en lugar de compartir la cuenta de administrador principal. Así puedes ver qué se ha hecho y desactivarlo cuando quieras.
Qué debería decirte la política de privacidad
Aquí es donde se separa un proveedor transparente de uno que no lo es. Una política de privacidad útil responde, en lenguaje comprensible, a estas cuestiones.
Qué datos se recogen exactamente y con qué finalidad. Si la finalidad declarada es más amplia que el servicio que has contratado, pregunta.
Dónde se almacenan. Si están dentro de la Unión Europea o si hay transferencias a otros países, y con qué garantías. Esto es una exigencia del Reglamento General de Protección de Datos, la normativa europea que regula el tratamiento de datos personales.
Cuánto tiempo se conservan y qué pasa cuando cancelas.
Con quién se comparten. Casi ningún servicio funciona solo: hay proveedores de alojamiento, de correo, de pago. Deberían estar identificados.
Si tus datos se usan para otra cosa. Por ejemplo, para alimentar productos o análisis del propio proveedor. No es necesariamente malo si está declarado y consentido, pero tienes derecho a saberlo antes.
Cómo ejercer tus derechos. Acceso, rectificación, supresión, portabilidad. Debería haber una vía de contacto clara.
Si tu proveedor va a tratar datos personales por cuenta tuya, además de la política de privacidad debería existir un contrato de encargado del tratamiento. Es un documento estándar y pedirlo es completamente normal.
Las preguntas que conviene hacer antes de firmar
Cinco preguntas cortas que te dicen mucho de un proveedor por cómo responde.
¿Qué permisos exactos me vais a pedir en Google y para qué se usa cada uno? ¿Dónde se guardan los datos y durante cuánto tiempo? ¿Qué pasa con la información y con el contenido publicado si cancelo mañana? ¿Se usan mis datos para algo más allá de prestarme el servicio? ¿Cómo se retira el acceso y cuánto tarda en hacerse efectivo?
Un proveedor con las cosas claras contesta esto sin rodeos. Uno que se enreda o responde con generalidades ya te está diciendo algo.
Y añade una consideración práctica: la salida importa tanto como la entrada. Antes de contratar, ten claro qué te llevas si te vas. Sobre eso escribimos en qué pasa con los artículos si cancelo el servicio.
Cómo lo plantea AutoAd
AutoAd es un equipo de agentes de inteligencia artificial que trabaja el SEO y la publicidad de tu negocio a diario, y para eso necesita ver lo mismo que verías tú: el contenido de tu web y los datos de tu Google Search Console.
El acceso se concede siempre desde tu propia cuenta de Google, con el flujo estándar de autorización. No se piden ni se guardan contraseñas de Google, y el permiso se puede retirar en cualquier momento desde la configuración de seguridad de tu cuenta, sin depender de nadie.
Los datos de Search Console se usan para lo que has contratado: detectar en qué búsquedas ya estás cerca de la primera página y decidir qué artículos escribir. El contenido que se publica se publica en tu web, en tu gestor, y por tanto es tuyo desde el primer día. En Google Ads, los ajustes de pujas, presupuesto y anuncios se proponen y se aplican con tu aprobación previa.
El SEO empieza en 99 € al mes, la gestión de Google Ads cuesta 150 € al mes y el acceso es por lista de espera.
Conclusión
La mayoría de los datos que maneja un servicio de SEO no son secretos de nadie: son el contenido público de tu web y estadísticas agregadas de cómo se comporta el buscador contigo. Lo sensible es otra cosa: tus datos de facturación, tu estrategia publicitaria y el nivel de acceso que concedes a tus cuentas.
La protección no está en negarse a compartir nada, porque entonces nadie puede ayudarte, sino en cómo se comparte: permisos concretos desde la propia pantalla de Google, sin contraseñas de por medio, con una política de privacidad legible y con la posibilidad de retirar el acceso tú mismo cuando quieras. Si esas cuatro condiciones se cumplen, mantienes el control en todo momento.
Si quieres trabajar con un servicio que funciona así, solicita acceso a AutoAd