—Hay un problema con la indexación de tus páginas de servicio.
—Vale. ¿Y eso es grave?
—Es algo técnico, ya lo estamos mirando.
Muchos dueños de negocio han tenido alguna versión de esta conversación y han dado por hecho que la palabra «técnico» significa «no es asunto mío». Es comprensible, porque el vocabulario invita a ello. Pero detrás de cada término hay una consecuencia que sí es asunto tuyo: cuántas personas te encuentran, cuántas se quedan y cuántas llaman. Traducir esas frases es la mejor manera de saber cuándo un problema técnico es en realidad un problema de facturación.
«Es un tema de indexación»: tu página no existe para Google
Indexar es, en pocas palabras, que Google conozca una página y pueda enseñarla en los resultados. Una página sin indexar es una página que, a efectos prácticos, nadie va a encontrar buscando. Hay causas que dan risa por lo pequeñas: una casilla de WordPress llamada «Disuadir a los motores de búsqueda de indexar este sitio», que se marca mientras la web está en construcción y a veces se queda marcada tras el lanzamiento. Nadie se entera durante meses, porque la web se ve perfecta desde dentro.
Lo que cambia para ti: puedes publicar contenido excelente y no verlo nunca en Google, por el simple hecho de que se le ha dicho que no lo mire. La comprobación es rápida, tan rápida que debería hacerse siempre tras un lanzamiento o un rediseño. Si quieres ver herramientas que detectan estas cosas, puedes repasar el software para auditar el SEO técnico de tu web.
«La web va lenta en móvil»: la llamada que no se hizo
La velocidad se describe con siglas y milisegundos, y por eso parece cosa de ingenieros. Traducida: la persona que te busca desde la calle o desde el sofá toca tu resultado, espera, la página no termina de cargar, vuelve atrás y toca el siguiente. No te lo dice. Para ti, esa visita ni siquiera existe, porque muchos sistemas de medición la cuentan a medias o no la cuentan.
Aquí el efecto sobre el negocio es directo y difícil de ver: te encuentran y no te esperan. Un tiempo de carga alto no se nota mirando la web desde tu ordenador con buena conexión, que es el peor lugar desde el que comprobarlo. Merece la pena abrirla, de vez en cuando, desde un móvil con datos y mirar cuánto tarda en poder pulsarse el botón de llamar.
«Hay redirecciones rotas»: el cliente que llega y se topa con un error
Cuando una página cambia de dirección, lo correcto es dejar un aviso que lleve al visitante a la nueva. Si ese aviso falta, quien pulsa un enlace antiguo, desde Google, desde un correo antiguo o desde una publicación en redes, aterriza en un error. Pasa mucho tras un rediseño o una migración, y el problema se agrava porque los enlaces antiguos siguen circulando durante años.
Traducido a negocio: una oferta que compartiste, un artículo que te enlazaba otra web o una página que Google ya había aprendido a mostrar, ahora llevan a una pantalla de «página no encontrada». Es un cliente que llegó con interés y se topó con una puerta cerrada. Y puede ser, precisamente, la página que mejor te posicionaba.
«Contenido duplicado»: dos páginas tuyas peleando por el mismo cliente
Este término suena a copiar y pegar, pero muchas veces lo que ocurre es más inocente: dos páginas tuyas responden a la misma búsqueda y Google no sabe cuál mostrar. Ni una ni otra se posiciona tan bien como lo haría una sola, mejor trabajada. Suele pasar en webs con muchos años de blog, donde se ha escrito varias veces sobre lo mismo desde ángulos casi idénticos.
En términos de negocio: parte del esfuerzo de escribir se pierde porque las páginas se estorban entre sí. En AutoAd, el nivel SEO Pro avisa cuando dos artículos tuyos compiten por lo mismo, precisamente para que no acabes pagando por contenido que se pisa.
Por qué se sigue creyendo que es cosa de programadores
Hay dos razones, y ninguna es un capricho.
La primera es el vocabulario: los términos vienen de la informática y no dicen nada al que no lo es. La segunda es que los efectos son indirectos. Un fallo técnico no hace saltar una alarma en tu caja registradora; se manifiesta como una curva de visitas que no despega o unas llamadas que bajan sin motivo aparente, y es fácil atribuirlo a otra cosa, como la temporada, la competencia o el «algoritmo».
Esto último tiene su parte de trampa: cuando los resultados se estancan, lo primero que se revisa es el contenido o la publicidad, y el arreglo técnico, que sería lo más rápido, espera. Sobre por qué el aspecto de una web no arregla estos fallos ocultos, puede ayudarte un rediseño bonito no mejora el SEO de forma automática.
Cómo pedir que te lo cuenten en clientes, no en siglas
No hace falta que aprendas el vocabulario. Basta con exigir que la explicación llegue en tu idioma. Tres preguntas que funcionan con cualquier hallazgo técnico:
1. ¿Qué páginas están afectadas? Que te den nombres concretos, no «varias».
2. ¿Alguna de ellas es una página que hoy me trae llamadas o ventas? Ahí está la prioridad.
3. ¿Qué pasa si esto se queda como está tres meses? Si la respuesta es «nada especial», puede esperar; si es «no te encontrarán», no.
Con esas tres respuestas puedes decidir con criterio de negocio, aunque no sepas qué significa la etiqueta que lo acompaña.
Lo técnico en AutoAd: que no tengas que pensarlo
Parte de la razón de ser de un sistema como AutoAd es que la capa técnica de publicar contenido, como avisar a Google y a Bing de que hay artículos nuevos y comprobar después que los han encontrado, no dependa de que tú te acuerdes ni de que sepas cómo se hace. No sustituye a una auditoría técnica completa de tu web, y no repara una web mal montada, pero sí evita que los artículos que se publican se queden sin ser descubiertos por un olvido.
Conclusión
Lo técnico no es un apartado aparte del negocio: es la parte que decide si lo demás llega a verse. La próxima vez que oigas «es algo técnico», pregunta qué páginas afecta y cuántos clientes se pueden estar perdiendo mientras tanto. Y si prefieres que la parte técnica de publicar contenido deje de ser tu preocupación, pide tu plaza en AutoAd.